“Dame una letra, una palabra, un verso para perderme y cautivarme, miénteme, háblame, endúlzame con caricias lejanas olor a leño”
Te dije mientras me acostaba boca abajo a su lado. Me miraste con atención. Observabas mis carnes y cómo se movían mientras me ponía cómoda. Encendiste un cigarrillo, lo aspiraste profundo y me dijiste en un tono celestial:
“Su dulzura abraza Hasta el agrio agrada Cristales azules y lluvias blancas Brillan en sus oscuras mieles Lujuria sana transpira y después duerme Enloquece mirarla, imposible evitarla Entre sus ávidos labios ya degusta ella tu alma Vuelas alto ya profundo clavado en su estrella Todos tus jugos lamidos y chupados Vives la muerte plena de orgasmos
Te gusta bella... ama de mi inspiración?”
Estaba boquiabierta, no sabía como reaccionar. Eso era algo que, definitivamente, no me esperaba. Solo alcancé a flaquear un poco y dejarte ver mi sorpresa:
“Soy yo dueña de esas palabras?”
Y con una sonrisa casi mala y casi dulce, te volteaste para estar frente a frente y dijiste:
“No... pero casi... serían inconcebibles si tú no estuvieras también mezclada en esta odisea... de vivir en varias musas a la vez”
Me senté en la cama. Quería que me hablaras más de esa odisea que dices vivir. Por un momento no me sentí la única en tu vida y extrañamente me gustó no serlo. Me gustó no ser la única musa que se apodera de tu mente -y de tus manos- cuando sentado en el sofá del estudio te masturbas viendo las nubes ocultar la luna. Respiré profundo y con cara de diosa recién acabada dije como para salir del paso, aunque sabía perfectamente que reaccionarías a mis palabras:
“Vivir varias musas a la vez... interesante, mientras no inicies una guerra...”
E inmediatamente preguntaste sorprendido por mi teoría que estaba a punto de explicar:
“...y cómo se hace eso?
Como si estuviera dictando una lección magistral, tome aire y dije:
“Pues querido amante... no las subestimes... en la mitología han habido tantas guerras y peleas por ‘quién merece el amor de las musas y quién no’, que acabarías tú muerto por ellas”
Preguntaste curioso, como para ver si habías entendido mis palabras:
“Es decir... como hasta ahora... siempre diciendo la verdad? o mentiras que conducen a ella?”
Sonreí y le dije acercándome cada vez más:
“No se como serán las demás, pero a mi no me molesta, al contrario, me gusta ser una de ellas, pero no la única”
Cayendo en la tentación me besaste. Pero fue un beso diferente a los miles de besos que me habías dado antes. Fue un beso... de verdad. Un beso lleno de tanto sentir. Casi podía escucharte el pensamiento en ese beso. Tomaste mi rostro entre tus manos y con una sonrisa sincera dijiste:
“Gracias amor de mi alma... tú eres la más joven de mis musas, pero muchas veces, como hoy, he pensado que eres la más sabia... y creo que a estas alturas confiarás que no hablo disparates de ocasión...”
Ahora era yo la sorprendida. Me dejé caer en la cama. A partir de ese momento comencé a suspirar más seguido. A respirar más profundo y a sentirte más hondo. Mientras tus palabras volaban alrededor de la habitación, mi mente las seguía. Me quedé dormida así, pensando, repitiéndome tus palabras en sueños. Una mano fría rozando mis muslos me despertó. Al abrir los ojos, me clavaste otro beso inmenso.
“Escucha con calma, estas palabras son para ti, es una de las posiciones que he hecho contigo, hecha poesía...
Encima, dejándote caer Me clavas los senos en el pecho Y me abrazas ilimitada y totalmente Siento que te pertenezco Mi brazo y su mano diestra agarran tu espalda La otra mano se llena y exprime tu carnosa y siniestra nalga Desde allí siento tu baile El glorioso ritmo de tus caderas A un lado, al otro lado, las subes Y cuando bajas entera te tragas mi verga Al interior de tu abrazante y deliciosa vagina Me roza y quema el aliento de tu suspiro Al sentirlo entero adentro Llenando tu fuego con mi leño Instintivas se abren tus fauces Buscando mi boca Las ganas chocan los dientes Las lenguas se revuelven Nos mordemos los labios Queremos comernos enteros Al mismo tiempo Un dedo mío se desliza por tu culo Bailas del gusto Tu vagina relame mi verga Friccionando el clítoris hinchado Todos tus huecos llenos Tus gemidos y tu baile arrecian Te pones tensa y aflojas Y por espasmos te vienes Me gritas Me arañas Tus contracciones quieren venganza Siento que tu vagina me exprime la verga Y tu culo agarra firme mi dedo Vaciándome de vida, casi muriendo Dándote todo lo que tengo que es tuyo”
“Escribiste eso ahora? Mientras dormía”
Dije sorprendida y algo excitada, mientras me incorporaba. Y al levantar la mirada me encontré con tu verga apuntándome de frente. No hizo falta que respondieras. Estaba clarísima de lo que querías. Gateando sobre la cama desordenada me acerqué a ti, estabas esperandome detenido al borde. Te vi a los ojos y baje mi mirada lenta hasta tu erección. Siendo ella todo mi centro de atención le di una lamida, y vi como se te erizó la piel. Seguí lamiendo poco a poco toda su extensión maravillosamente grande y de pronto, para sorprenderte, me lo metí a la boca y apreté duro mis labios. Soltaste un gemido. Seguí mamándotelo rico, rápido, saboreándote y cuando supe que estabas a punto de acabar, lo saqué de mi boca. Me levanté de la cama y vistiéndome salí de la habitación.
“Me vas a dejar así? Con las ganas de...? Maldita! Sabes que eso me amarrará a ti de por vida... jajajajaja”
Sólo eso alcancé a escuchar mientras salía de la habitación sin voltear.