Para captar el sentido de nuestras vivencias y aprender de las mismas es necesario recurrir a la intuición, y tratar de experimentar lo que vivimos –día a día- sin contaminar ese instante con experiencias previas. Incluso lo que consideramos “malos momentos” son lecciones que ayudan a la evolución de la conciencia.
El alma busca conocimiento, mas al encontrarlo hay que tener presente el sentido de la responsabilidad, y por ende no emplear –negativamente- esa enseñanza porqué de la forma como procedamos el universo devolverá esas acciones con creces.
El conocimiento debe destinarse para el desarrollo de nuestra conciencia. Todo lo que experimentamos son formas de energía, como nosotros mismos.
La representación de energía más importante–en cualquier religión o práctica- es el Amor Universal, sobre él nada existe. Cuando vivimos conscientes de ese tipo de amor y actuamos en función del mismo podemos alcanzar cualquier sueño o anhelo por grandioso que sea. Ya que el límite de lo posible o imposible lo establecemos nosotros mismos.
Usualmente nos encasillamos en creer que el amor que estamos dispuestos a dar debería ser igual al que esperamos recibir, y olvidamos que la Energía Suprema siempre quiere conceder más de lo que damos y anhelamos.
Esa idea que concebimos de Energía Suprema, que muchos llaman Dios o Diosa, es un reflejo de nuestra propia bondad o maldad interior. Por ende lo que obtenemos haciendo el bien, respetando la Ley Universal del Amor siempre vuelve con mayor prosperidad, logrando que la felicidad y la paz sea una realidad; mas lo que proviene del mal, haciendo daño a los demás –consciente o inconscientemente- tarde o temprano también será saldado.
Para lograr la luz del conocimiento no debemos perjudicar a los demás porqué –por extensión- también estamos destruyéndonos. No queremos decir que hay que ser perfecto, cualquier ser humano con sus defectos normales y sus malos momentos con el simple hecho de no dañar a nadie ni a nada, ya es una excelente persona, y por ende merece recibir lo que se ha ganado.
Se debe tener presente que muchos de los obstáculos para lograr nuestras metas están en la mente porque –en ocasiones- le tememos al éxito. Debemos buscar la luz del conocimiento para modificar nuestros esquemas mentales y aceptar que esa Energía Universal o Dios, desea nuestra felicidad y paz, admitir que las situaciones no son cómo las creemos sino mejores, afirmar que podemos forjar conscientemente nuestro destino porque esa Energía Universal está en nosotros mismos