A mi amigo Tolomeo le llaman el tragalucero. Lleva más de medio evo como limpiacristales interino de las claraboyas del Eclipse del PKS 2.000-330. No hay nada más estable que una provisionalidad bien llevada. Yo soy Simeón, el pelotero pulidor de cometas fundidos. Ambos trabajamos en la maestranza cósmica que los americanos regentan en el afelio norte de la Supernova Taludín. Tolomeo, debido a sus sofisticadas artes en el manejo de las sombras del espacio, ha conseguido por fin plaza definitiva como claraboyero técnico especialista. Yo todavía desgasto nudillos frotando bayeta como peón eventual al servicio del mantenimiento del PKS.
Para celebrar la consolidación laboral de Tolomeo esa noche nos fuimos de marcha por el barrio antiguo de Antares, que así se llama la aldea sideral del quásar donde ambos residimos desde que un día un par de embriones intergalácticos fueron eyectados contra la sombra de un cremoso fresno de estrellas nodrizas.
De regreso a casa nuestras vejigas atestadas de cerveza en apocalíptico big-bang estaban a punto de estallar. No tuvimos más remedio que hacer aguas menores contra la tapia de un apartado meteorito de la Vía Láctea, si no queríamos que la galopante expansión de nuestros globos urinarios diera al traste con la gravedad de nuestro equilibrio orbituario. Considerábamos que tal desahogo uretral era de lo más lícito y normal. Y más aún cuando de todos es sabido que no hay nada más gratificante como echar una cenital meada a la luz de la luna. Dicen que esta práctica alarga la vida tantos años como veces el reflejo plateado de la luna acaricia nuestro destapado falo. ¡Quién iba a pensar que necesidad tan vital y liberadora estaría tipificada como infracción en nuestras sagradas Ordenanzas!
Hasta ayer, que recibimos de la Federación Espacial la siguiente resolución:
“El Gobernador de Antares, por los poderes que le confiere el Basilisco Mayor de la Supernova Taludín, dicta expediente sancionador contra los ciudadanos Simeón y Tolomeo por infringir el artículo 11,e) de nuestra Ordenanza Viaria de Residuos Internos. Descargar (entiéndase, aliviar) indebidamente productos de naturaleza contaminante en el espacio exterior está tipificado como delito para la salud pública, por lo que los perenganos anteriormente citados deberán cumplir como inculpados de micción ilegal una condena privativa de libertad de tres meses de arresto, además de verse privados a perpetuidad como trabajadores al servicio del PKS. Contra el presente decreto cabe interponer, bla, bla, bla....
Por supuesto tanto Tolomeo como yo, sobre todo él con su flamante título de claraboyero fijo recién estrenado, recurrimos este fallo tan contrario a natura. Según expertos en fermentación química el grado de toxicidad que se almacena en la malta cocida no es sólo negativo sino que la evaporación de los efluvios que se generan por dicha ingesta, tras su meada al espacio, son altamente beneficiosos como lubricante para el rozamiento de las partículas estancadas en la atmósfera. Nuestro abogado dice que, al ser materialmente imposible dar con el cuerpo del delito por la oscuridad reinante del agujero negro donde con precavida cautela introdujimos nuestro caño divino, ganaremos el juicio. “Nadie os cogió in fraganti. A la policía sideral, dadas las características de operación tan íntima, se le hace imposible detectar este tipo de actividades, nos dice confiado.
Pero, ¡cuál no fue nuestra sorpresa, cuando en el día de nuestra comparecencia el foco descarado de un proyector de filminas estampó en la inmaculada pared de la sala de audiencias dos floridos penes campeando flamantes al aire fresco de una jubilosa noche espacial! El fluido de oro bañado que de ellos salía, firmaba la preciosa estampa con el trazo luminosos de dos surtidores acaramelados cual castillos artificiales en el colofón de unas nostálgicas fiestas de pueblo.
“He aquí la prueba, rugió el fiscal. Esto es lo que en la noche de la infracción recogieron nuestras cámaras camufladas a efectos disuasorios tras los paneles del anuncio de la Coca Cola.”
Pero nuestro abogado no se arrugó. Arropado por argumentos sacados de la inocencia virginal del Génesis más límbico y bucólico, solicitó la atenuante por necesidad fisiológica imperiosa. Y logró el aplazamiento de la causa. Pidió al tribunal que peritos especialistas compararan por medio de los pertinente análisis las fotos con nuestros atributos naturales, no fuera que las diapositivas presentadas fuesen una composición adulterada de algún trabajador resabiado o relegado por el ascenso laboral de mi amigo Tolomeo al puesto de claraboyero del Eclipse del PKS.
Al final, dado el gran parecido de nuestras pudendas partes con otras también cotejadas, el juez ha dado por sobreseído el caso